El sábado 8 de noviembre, se cumplieron treinta años de la aprobación de la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales, una norma fundamental en el ámbito español de la seguridad y salud en el trabajo.

Su promulgación marcó un punto de inflexión al establecer, por primera vez, un marco jurídico integral que articula los derechos y obligaciones de empresas, personal laboral, fabricantes y proveedores y Administraciones en materia preventiva. Esto supuso más que una obligación legal: fue el inicio de un cambio cultural en la forma de entender el trabajo y la salud.

Consolidando la prevención en el trabajo:

El espíritu de esta Ley se basó en un principio esencial: la protección de las personas trabajadoras debe de ser un elemento fundamental dentro de cualquier organización.

A lo largo de estas tres décadas, la norma ha impulsado la profesionalización de la prevención, la creación de servicios especializados, la participación de los trabajadores, y la integración de la gestión del riesgo dentro de la estrategia empresarial. Por ello, la prevención paso de ser una acción reactiva, a convertirse en un proceso continuo de mejora.

Hoy en día, la aplicación de sus principios, se traduce en entornos de trabajo más seguros, reducción de la siniestralidad laboral y una mayor conciencia sobre la importancia del bienestar laboral.

La Ley 31/1995 sentó las bases para que la cultura preventiva pasara a formar parte del ADN de las empresas.

Nuevos riesgos, nuevos retos:

Treinta años después, su vigencia sigue siendo incuestionable, aunque los desafíos han evolucionado.

Los nuevos entornos laborales, la digitalización, el teletrabajo, la sostenibilidad o los riesgos psicosociales plantean nuevos horizontes que exigen reinterpretar la Ley con una mirada moderna, en consonancia con los avances tecnológicos, pero sin perder su esencia: la protección de la salud de las personas en el trabajo.

Hoy más que nunca, la prevención se debe entender como una inversión estratégica, tanto en productividad, como en reputación y en sostenibilidad.

Con esta efeméride, hay que concienciarse que la prevención no es un coste, sino una inversión. Y ha de significar un nuevo punto de partida para reforzar la formación, la participación y el compromiso preventivo en todos los niveles de las organizaciones. Y para ello, reafirmamos el sentido profundo de la norma: proteger la salud y la seguridad de quienes trabajan, porque sólo desde esta base es posible construir organizaciones resilientes, responsables y humanas.

Gracias a todas las personas y entidades técnicas, profesionales, académicas y sanitarias que han hecho posible llevar la prevención de riesgos laborales del papel a la realidad laboral.

Sigamos avanzando con el mismo compromiso que hace treinta años.